Me río y me río. Luego bajo a por el pan.
¿Qué es este silencio? ¿Qué se te pasa por la cabeza? ¿Qué sientes cuando sabes perfectamente el número de horas para que alguien se vaya? Conoces la enfermedad, pero no tienes la cura.
Pasas los últimos momentos en la cama, a su lado, mirándole, viendo unos ojos llenos de tristeza. Te miran y no puedes descifrarlos, si supieras. Sus ojos, que nunca asegurarás cuando los volverás a ver. Quieres que se quede contigo siempre, que esté para ti, para cuidarte y cubrir tu necesidad. Es pura necesidad.
En esos momentos piensas, te pierdes en la nada y quieres que un filo te atraviese, le atraviese y nos deje de tanto sufrimiento. Que tu cuerpo tome el frío del filo y éste todo el calor que alberga tu cuerpo. Y duela, pero no tanto como te duele ahora el contar horas, minutos, segundos. Si de todas formas te ibas a ir.
El contexto es amargo y lo necesita.
¿No lo entendéis? Tengo amor, tengo mucho amor que dar. Si me afeitara la cabeza todo el mundo me querría, pero cuando cojo la maquinilla mi mano no responde. A veces, uno necesita ayuda externa.
Cuando el fakir coja la antorcha y escupa fuego yo ya estaré inconsciente, me habré bebido todo el alcohol. ¿Porque quien quiere algo en esta vida?
Si quieres viajar en el tiempo, quédate quieto y verás como te mueves, ya no hay paredes ni niñas que te ofrezcan caramelos. ¿Quién quiere seguir siendo un hijo de Darwin?
Me muevo arriba y abajo con todo mi amor, tengo mucho amor que dar.
